Recuerdo ese día como si hubiese sido ayer, recuerdo esa noche como si  hubiese sido la única.

Te conocí, no supe que esperar, no supe si podía… lo intente.

¿Recuerdas esa primera noche que salimos? Yo era solo una jovencita, tu ya un hombre. Salimos a cenar… esa primera noche pensé, “este es el hombre que siempre he deseado”. Tenías y tienes una forma de ser, inteligente y cariñoso… salimos una y otra vez. Nuestro amor nació y murió en un verano. Tú querías todo conmigo, yo no sabía que querer, era solo una jovencita.

Como cada mal libro, uno pensaría que un mal capitulo sería el fin de nuestra historia… no lo fue.

Una y otra vez nos encontramos. 

Tú, encantado con la vida. Yo, todo lo contrario. Crecí. Pasó un años, dos, tres y cuatro.

Ahora nos encontramos en el octavo.

Han pasado ocho meses y en estos ocho meses, he aprendido varías cosas.

Aprendí lo que es amar a alguien y aprendí lo que es que alguien te ame. 

Aprendí que ya no soy la misma de antes, sino una versión más segura. 

Aprendí que no todo es perfecto, pero que lo imperfecto es perfecto para mi. 

Más que nada, aprendí que lo que pensé en aquel entonces era exactamente lo que es.

Eres inteligente y cariñoso y me has echo muy feliz.

“La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado”. – Gabriel García Márquez